Conforme nos acercamos al festival, la pista que conduce a Creamfields se ilumina. Los carros pugnan por un estacionamiento y los vendedores de golosinas y revendedores de entradas flanquean la avenida. Mamacona ha perdido su quietud para dar paso a la euforia electrónica. “Agua para los que ya saben”, pregona una vendedora con un tono cadencioso y nasal de ambulante criollo. El festival electrónico más esperado del año aguarda a más de 11.000 personas este año.